Nació en Bilbao y creció en Llodio (Álava). Se dedicó a la música vocal durante la adolescencia y fue con la compañía de José Carreras por toda Europa, pero esa vocación impuesta, que simultaneó con los estudios de Derecho, luego abandonados, le originó una profunda depresión que acabó en bulimia. Logró salir de ella dejando la música y consagrándose a la literatura. Se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de Deusto, y en la misma cursó un Diploma en Edición y Publicación de Textos.
A los 25 años consiguió el Premio Planeta, convirtiéndose en la autora más joven en ganarlo, a la misma edad que Antonio Prieto, pero unos meses menor. Autora polifacética, destaca en su labor narrativa, habiendo aparecido en antologías como Vidas de mujer (Madrid, Alianza Editorial, 1999), Lo del amor es un cuento (Madrid, Ópera Prima, 2000), Ser mujer (Madrid, Temas de hoy, 2000), Fobias (Madrid, La Esfera de los Libros, 2003), Ni Ariadnas ni Penélopes (Madrid, Castalia, 2002), Orosia: mujeres de sol a sol (Jaca, Pirineum, 2002), Sobre raíles (Madrid, Imagine, 2003) o Todo un placer (Córdoba, Berenice, 2005), entre otras. Colabora con varios medios de prensa nacionales, como El País, La Razón, El Mundo o Público. Trabaja también como traductora literaria y como colaboradora en radio (actualmente en el espacio Julia en la onda, de Onda Cero, presentado por Julia Otero) y en televisión (Noche sin tregua).
Activamente involucrada en talleres literarios durante sus años universitarios, e interesada en la pedagogía de la creación más tarde, ha impartido cursos de creación literaria en diversas universidades españolas e internacionales; uno de sus proyectos de futuro, la fundación de una escuela de escritura cuyos títulos equivaldrían a los estudios universitarios. También, como ensayista, ha mostrado una interesante interpretación de la última juventud española, víctima de lo que ella llama mileurismo, una barrera de ingresos que no puede superar a causa de la resistencia de la generación anterior y que la condena a una insatisfacción y esterilidad permanentes.
La crítica la ha saludado como a una de las voces más interesantes de la narrativa española, y las alabanzas que surgieron con su primera obra han acompañado sus siguientes novelas. Ha sido traducida al inglés, francés, alemán, portugués, griego, polaco, neerlandés y turco, y su novela Irlanda recibió en 1999 el premio francés "Millepage", que los libreros conceden a la novela revelación extranjera. En mayo de 2000 recibió el premio Qué Leer a la mejor novela española editada durante el año anterior por Melocotones helados." Irlanda se publica en inglés con FTR Press. Su obra plantea la ambigüedad de las apariencias, el bien según los valores sociales y la fascinación por el mal, mediante mundos mágicos o en la vida cotidiana, creando universos muy complejos y tiempos inexistentes que exigen esfuerzo al lector. Afirma haber empezado así «por no tener que investigar datos históricos o sociológicos, porque inventar escribiendo resulta más sencillo que describir la realidad».
Cabe destacar también que Espido Freire se ha postulado como una acérrima defensora de los derechos de los animales. Es socia de la Asociación GATA, y recientemente participó en el ciclo de conferencias que tuvieron lugar en el Parlamento de Cataluña con el fin de abolir la tauromaquia.
Su última novela...
- Hijos del fin del mundo: De Roncesvalles a Finisterre (IV Premio Llanes de Viajes).
· Sinopsis:
Este es un libro de infancia, y un libro de viajes, y un libro de historias recuperadas. Un libro para quienes se han asomado al fin del mundo y han regresado para contarlo, para quienes reconocen en su carne la misma materia que las estrellas y se saben de la misma constitución que los montes, los ríos, los animales y las plantas.
Para quienes, como los antiguos habitantes de los bosques, de buena gana pedirían perdón al árbol que cortan, a los sentimientos que hieren, al tiempo que pasa y nos transforma en otra cosa. Este es un libro que nace de un recuerdo, y de la imposibilidad de poseer una flor que, para colmo nos mostraban ante los ojos constantemente, de la reconstrucción de un camino personal y un viaje que han seguido millones de personas, bajo la guía de las estrellas, sobre piedras milenarias y huesos blanqueados.
Finisterre se adentra con su lengua de roca en el mar. Allí, como si fuera un gran espectáculo, algunos viajeros se reúnen para ver la puesta de sol. La bola roja se hunde en el agua, como si allí, realmente terminara todo lo seguro, todo lo conocido.

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